La libertad: mucho más de lo que imaginamos
- Ernesto Isahinath Chávez Gutiérrez
- 19 nov 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 20 nov 2025
Cuando hablamos de libertad, solemos pensar en la capacidad de elegir: elegir qué hacemos, con quién, hacia dónde vamos. Pero en el fondo, la libertad humana es mucho más profunda y compleja. Y a veces, sin darnos cuenta, la reducimos o la confundimos.
En el mundo psicológico y científico, por ejemplo, la libertad no siempre se presenta claramente. La ciencia estudia lo medible: el cuerpo, el cerebro, la conducta, las necesidades. Pero lo humano no se agota en eso. Hay algo que no cabe del todo en una resonancia, en un test o en un análisis estadístico: nuestra dimensión espiritual, nuestra capacidad de trascender lo que parece determinado.
Es aquí donde entra la perspectiva existencial.
Somos más que nuestras necesidades
Claro que tenemos necesidades: hambre, descanso, seguridad, afecto. Las reconocemos y las vivimos todos los días. Pero también somos capaces de ir más allá de ellas.
Podemos decir sí o no a un impulso, a un instinto o a un deseo.
Podemos actuar de maneras que van en contra de lo “esperado”.
Eso es libertad.
No la libertad absoluta (esa no existe), sino una libertad profundamente humana:
la capacidad de tomar posición frente a lo que vivimos.
Tres cosas de las que somos más libres de lo que creemos
La logoterapia y el análisis existencial describen que nuestra libertad se expresa especialmente frente a tres influencias:
1. Nuestros instintos
Sí, tenemos instintos. Pero no nos gobiernan.
Podemos seguirlos, redirigirlos o incluso resistirlos.
No somos animales atrapados en impulsos automáticos.
2. Nuestra herencia genética
La genética influye, claro. Pero no determina todo.
Estudios con gemelos –mismos genes, vidas totalmente diferentes– lo muestran claramente.
La herencia es el punto de partida, no la sentencia final.
3. Nuestro entorno
El lugar donde crecimos, nuestra familia, las oportunidades (o su ausencia) nos afectan… pero no nos definen por completo.
Siempre existe un margen donde la persona decide qué hace con lo que le tocó vivir.
La persona decide… y al decidir, se crea a sí misma.
Esta es una de las ideas más potentes del análisis existencial:
Cada decisión que tomamos es también una decisión sobre quién estamos eligiendo ser.
No somos solo el resultado de nuestra historia; somos también el resultado de cómo respondemos a ella.
Hoy hago algo valiente → mañana soy alguien más valiente.
Hoy hago algo ético → mañana se fortalece mi actitud ética.
Hoy elijo con conciencia → mañana tengo un mejor instinto para elegir.
Lo que repetimos, nos configura.
Construimos carácter, construimos hábitos, construimos personalidad a través de nuestras elecciones diarias.
¿Y qué significa esto en terapia?
Muchas personas llegan a consulta diciendo:
“Soy así, es mi carácter.”
“Siempre he sido impulsivo.”
“Así crecí, no puedo cambiarlo.”
Pero desde una mirada existencial, esto no es el final de la historia.
El carácter es la base; la persona es la que decide cómo pararse frente a esa base.
No se trata de negar nuestra historia, sino de darle forma desde la libertad que tenemos hoy.
La libertad humana no es hacer lo que queramos sin límites.
Es algo mucho más profundo:
Es la capacidad de elegir quién queremos ser, incluso frente a nuestros impulsos, nuestra historia y nuestro entorno.
Y desde ahí, paso a paso, decisión tras decisión, comenzamos a construirnos.
A configurarnos. A convertirnos en alguien nuevo, alguien más auténtico, alguien más nosotros.
Si te interesa explorar cómo estás ejerciendo tu libertad, o sientes que estás viviendo desde hábitos, historias o impulsos que ya no representan quién quieres ser hoy, podemos trabajarlo juntos en sesión.

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